Falta energía para el cambio

Por Manuel Ludueña

Hay evidencias más que suficientes que para mejorar la calidad de vida de muchas familias en la Argentina, así como mejorar el ingreso de las mismas familias, se necesitan mejoras generales en el uso de la energía disponible y disminución de gases de efecto invernadero. Solo mencionaré tres (3) a título ilustrativo:

•La producción doméstica de alimentos vegetales,

•El uso residencial de hornos solares,

•El uso residencial de calentadores de agua solares.

Las tres (3) son técnicas y tecnologías conocidas y muy probadas por su alta eficiencia, bajo costo, uso descentralizado, apropiadas para la producción local y la generación de empleo (eco). Es para desarrollar con capital privado para privados. ¿Qué les faltaría? Campañas públicas de acompañamiento a su instalación y acción de cientos de ONGs y pequeños emprendimientos afines; equivalentes a las que preconizan el Metrobus, a Activa Buenos Aires o las Centrales Atómicas. Ni más, ni menos.

Los usuarios potenciales no se activan sin difusión y campañas persistentes, especialmente si la presión de los monopolios conlleva al consumo de bienes de baja durabilidad, de altos costos energéticos y de transporte.

Podría parecer exagerado pero el uso de instrumentos técnicamente simples, socialmente eficaces, de bajo consumo de recursos naturales y energéticamente eficientes, promueven, también, hábitats saludables.

Hay otras mejoras disponibles para producir localmente, generar más empleo, optimizar el uso de la energía y disminuir localmente, en la ciudad, los efectos negativos de los gases con efecto invernadero promotores del cambio climático:

•La plantación intensiva de árboles, en veredas y espacios verdes,

•La producción de compost a nivel barrial,

•El uso del espacio público equiparable entre el transporte público, los peatones, las bicicletas y los autos,

•Los pavimentos de adoquines de piedra –que tenemos gracias a nuestras anteriores generaciones-.

Las cuatro (4) son técnicas y tecnologías conocidas y muy probadas por su alta eficiencia, bajo costo, uso generalizado, apropiadas para la producción local y la generación de empleo (eco). Es para desarrollar con capital público y privado para la comunidad. ¿Qué les faltaría? Campañas públicas de acompañamiento a su instalación y acción de cientos de ONGs y pequeños emprendimientos afines; campañas equivalentes a las que preconizan las elecciones presidenciales, a gobernadores o intendencias. Ni más, ni menos.

 

Hay otras iniciativas que se consideran convergentes con la sostenibilidad pero que cuentan con difusión y tienden a propagarse:

•Redes sociales,

•Automóviles eléctricos compactos para una o dos personas, compartidos,

•Iluminación LED.

¿Que las diferencia de las otras tecnologías? Además de la difusión privada, la masividad acompañada por los Estados, las innovaciones basadas en capitales intensivos, entre otras, la concentración, sea del capital, de los medios y de las estrategias de persuasión. Podrían no ser un gran problema, si contribuyeran en diversidad a equilibrarse con los desarrollos locales, aunque si son un nuevo problema al contribuir directa e indirectamente con el consumismo y la uniformidad. O, como mejor lo dijera Schumacher en Lo Pequeño es Hermoso (1973) “el objetivo debería consistir en obtener el máximo de bienestar con el mínimo de consumo… La economía moderna, en cambio, considera que el consumo es el único fin y propósito de toda actividad económica”.

Preconizan el “cambio”, pero se trata de un cambio sin mejoras. Un cambio solo para algunos. Un cambio en la “Ciudad Verde” Dólar, que cada vez tiene menos sombras debido al maltrato y la falta de reposición y plantación de árboles, más temperaturas por los vehículos motorizados y el asfalto, menos energía eléctrica y falta asociada del abasto de agua por no promover el uso de la energía solar, más comercialización de transgénicos con pesticidas en lugar de alimentos saludables producidos familiarmente, menos controles sobre los contaminadores con más problemas de salud para la población más vulnerable.

La Ciudad Autónoma de Buenos Aires requiere recrear su toponímico. Ciudad de los “Buenos Aires”; una ciudad diáfana, limpia, transparente, respirable, saludable. Lejos estamos. A la tradicional falta de seguridad vial, se sumaron: familias expulsadas viviendo en las calles, muertos por demoliciones mal ejecutas, damnificados crecientes y muertos por inundaciones, muertes innecesarias por falta de condiciones básicas de salubridad, disminución de espacios verdes e incremento de la impermeabilización, hiperconcentración en el Área Central malogrando los desplazamientos interjurisdiccionales. Hasta tenemos el cronograma de la desesperanza: diciembre y enero, falta de energía eléctrica, de agua y ascensores en las viviendas de propiedad horizontal y cortes desprogramados, marzo, ¿comenzarán las clases?, abril y mayo, lluvias con inundaciones, julio y agosto, ¿habrá gas por red?, octubre y noviembre, ¿hará subtes? más congestión y confusión.

Falta “energía” para un cambio con mejoras.

 

Leave A Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *